Pensamiento crítico contra la violencia y el eco de la falsa historia – Reporte diario

Hacer política desde arriba no suele llevar a los ciudadanos a un buen resultado. Todos hemos observado algún día desde la azotea de un edificio cómo una perspectiva tan elevada distorsiona la realidad: empequeñece a los transeúntes, desdibuja sus rasgos identitarios, culturales, regionales…, borra sus rostros y los reduce a una masa uniforme, anodina y desalmada. Es desde esta falsa superioridad, desconectada de los pueblos del mundo y sus naciones, que apenas a unas 72 horas de iniciado el año, nos fueron comunicados desde Florida los supuestos lineamientos para el nuevo rumbo a tomar en Venezuela y el orden mundial.

«Esto es Estados Unidos primero, esto es paz a través de la fuerza»: las declaraciones de Pete Hegseth, jefe del Departamento de Guerra de Estados Unidos, en la rueda de prensa posterior a la controvertida «Operación Absolute Resolve» abrieron el telón en 2026 con una retórica infantil y despiadada, más propia de las bandas urbanas que de la responsabilidad requerida en materia de paz, seguridad y proyecto de política de defensa.

El alarde de Donald Trump y su administración sobre lo que fue un ataque a la soberanía de Venezuela y el secuestro de su presidente Nicolás Maduro va de la mano de una narrativa que instrumentaliza a las fuerzas armadas para beneficiar sus intereses, y de una desesperada indiferencia hacia las leyes y los derechos humanos: una combinación peligrosa.

No es de extrañar que el autoritarismo del presidente, que arrasa con el arte de la diplomacia y eleva su púlpito a la hora de practicar las relaciones internacionales, haya despertado la preocupación mundial por el añadido de acusaciones contra Groenlandia, Colombia… y la imposición de aranceles como amenaza disuasoria a aquellos países que muestran resistencia al sucumbir a la gravedad de sus irresponsables acciones.

Estas máximas arcaicas y simplistas de cuanto más fuerte mejor, cuanto más fuerte mejor y porque lo digo, confirman la validez de las advertencias que nos dejó Hannah Arendt: “cada reducción de poder es una invitación abierta a la violencia; aunque sólo sea por el hecho de que quienes tienen el poder y lo sienten se les escapa de las manos, ya sea el gobierno, el que siempre ha tenido dificultades para sustituirlo por lo que siempre ha sido la violencia”. La advertencia del filósofo no fue en vano: las prácticas coercitivas, terroríficas y criminales ordenadas a la luz del autoritarismo no han dejado de realizarse para incrementar el poder político y económico.

Las comunidades que conforman América Latina conocen de primera mano la espiral de devastación que conllevan este tipo de violencia; Un anticipo de rayos X lo hizo el escritor colombiano Germán Arciniegas cuando publicó “Entre la libertad y el miedo”, título que nos recuerda el espacio en el que vivió el silencio en el siglo XX.

Demasiadas generaciones se vieron obligadas a suprimir la palabra y la lectura de obras calificadas de subversivas; ejemplares que quedan en librerías de segunda mano, algunos de los cuales revelan una postal, una nota o una entrada de cine de quien lo leyó. Páginas prohibidas que alguna vez estuvieron escondidas, posiblemente dentro de la caja de resonancia de la guitarra de un estudiante, ansioso por saber; letras con olor a madera, a hogar, a dulces, a fuego… de pensamientos, ese gran enemigo de la opresión.

Los instrumentos de control como la censura, la omisión o la información falsa han seguido ampliando sus raíces a lo largo de las décadas; ampliar las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías. El objetivo: confundir, manipular y alienar a un segmento de la población mediante campañas de desinformación que actualmente navegan por el ecosistema del ciberespacio como una serpiente invisible.

Información tóxica que pasa desapercibida ante nuestros ojos ya que está diseñada para despertar emociones como miedo, ansiedad, rabia, hostilidad… los propios ciudadanos son quienes participan en su difusión cada vez que la comparten sin cuestionar el origen de la fuente y su veracidad.

En esta dinámica, el eco del falso relato se expande de manera similar a la reverberación que produce una piedra arrojada al agua; estas estrategias de desinformación derivan en episodios alarmantes para la seguridad nacional como el ataque al Capitolio (2021), al Congreso brasileño (2023) o el deseo de atacar una célula de la organización terrorista neonazi «La Base» que fue desmantelada hace poco más de un mes en España.

Decepcionante es el apoyo dado a la Carta de Madrid, una propuesta ultraderechista impulsada por el líder de Vox, Abascal, contra las iniciativas del grupo de Puebla y el «comunismo» en la «iberosfera». Entre sus firmantes se encuentran el argentino Milei, el italiano Meloni, el chileno Antonio Kast, la venezolana María Corina Machado y el candidato de extrema derecha a la presidencia de Colombia, Abelardo de la Espriella.

Se acercan elecciones en Perú, Colombia y Brasil, y quienes trabajan en América Latina para fortalecer la democracia, la cohesión y la justicia social saben bien que esto no se basa en vieja retórica o imposiciones desde el exterior. Al contrario, se teje desde la escucha del pueblo, sus valores y su historia, y en compañía de quienes, a pesar de tener tatuadas en el alma las consecuencias de la violencia, siguen luchando por sembrar el diálogo, el amor y la reflexión… desde las aulas donde la opresión encuentra la voz…, desde los caminos donde el río acaricia el silencio…

En tiempos de guerras cognitivas, de información contaminada por mensajes radicalizados de odio a la oposición, de racismo y xenofobia, que invocan el regreso de narrativas irreversibles que avergonzaron a la humanidad; El pensamiento crítico, oxígeno del pueblo, resiste como escudo contra la sumisión y la esperanza de la democracia.

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