Hernán Muriel Pérez, creador de Cofradía para el Cambio, dejó de ser un referente en el espacio digital de la izquierda política y se convirtió en la sorpresa electoral de Antioquia.
Con el mayor número de votos en las consultas internas del Pacto Histórico a la Cámara, Muriel logró lo que muchos consideraban improbable: imponer su liderazgo cívico y digital por encima de las máquinas tradicionales y las estructuras partidistas consolidadas.
La victoria lo coloca como la carta de coalición más visible en el departamento, colocándolo en el rol de actor clave. quien ha logrado movilizar a su propia base, superando incluso a titulares como Alejandro Toro.
EL TIEMPO habló con este hombre para saber por qué quiere cambiar los algoritmos de votación.
Hernán Muriel, candidato a la Cámara de Antioquia Foto:Hermandad para el cambio
¿Qué tan complicada fue la campaña en Antioquia?
La campaña encontró dificultades críticas, especialmente relacionadas con la seguridad y la cultura política. Persisten minorías violentas en municipios como Envigado e Itagüí, que han pasado del acoso a amenazas directas con cuchillos y seguimiento a candidatos como Camelia.
Estos incidentes, aunque dirigidos, demuestran que los ejercicios políticos en el territorio deben continuar para superar los focos de intolerancia que amenazan la integridad de la militancia.
Además, existe un obstáculo institucional por parte de organismos nacionales como el CNE. Si bien estas decisiones no tienen un impacto directo en las listas antioqueñas, dificultan la implementación de las elecciones del partido a nivel general.
¿Cuáles serían sus principales banderas o propuestas si llegara a la Cámara?
Hernán Muriel, candidato a la Cámara de Antioquia Foto:Hermandad para el cambio
Mis actividades políticas están definidas por cuatro ejes que apuntan a redefinir la representación en el departamento:
- Dignidad territorial y autonomía: Priorizamos la planificación del territorio desde sus propias cosmovisiones, enfrentando el desarraigo y desplazamiento provocado por los centros políticos centrales y las hegemonías económicas que imponen números, como las áreas metropolitanas, sin consenso comunitario en los barrios y ciudades.
- Defender los pilares de la democracia: Es necesario fortalecer cinco conceptos clave que siguen siendo urgentes: democracia, movilización social, pacificación territorial, derechos humanos y, con especial énfasis, derechos de las víctimas.
- Nueva cultura política y comunicación: Teniendo en cuenta mi carrera en comunicación alternativa, tendremos una disputa importante sobre las narrativas que construyen la imagen social del país, cambiando la forma en que nos comunicamos y practicamos política.
- Profundizando el cambio: Nos concentraremos en asegurar la continuidad y radicalidad de las reformas iniciadas por el gobierno de Gustavo Petro. El objetivo es explorar acciones significativas y reformadoras que el país necesita y que no se han completado en el actual mandato.
En las últimas elecciones, la llamada izquierda logró ganar en zonas como Urabá y en municipios del noreste y Bajo Cauca. ¿A qué crees que se debe esto?
Participantes de marzo piden aprobación de reformas Foto:Javier Nieto
Esta victoria es la respuesta de las subregiones de Antioquia a décadas de exclusión por parte de clanes y partidos tradicionales. Si bien la vieja política se basaba en visiones dogmáticas y excluyentes, el borrador del Pacto Histórico introdujo una visión de país que, por primera vez, se centraba en el campo y en quienes nunca habían sido sus héroes.
La confianza se ha visto confirmada por los hechos: la democratización de la tierra, la reducción histórica de la pobreza en las zonas rurales con especial énfasis en el género y la dignidad del trabajador a través del aumento de los salarios. Al ver que el reclutamiento cero y el empoderamiento de proyectos productivos son realidades y no promesas, estas comunidades confirmaron sus esperanzas en las encuestas.
Votar en estas subregiones no fue sólo un apoyo, sino una confirmación de que ahora realmente se sienten incluidos en el futuro de Colombia.
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De llegar a la Cámara, ¿cuál será su posición sobre la obra inconclusa en Antioquia que requiere inversión interna?
Mi posición es clara: el presupuesto del Estado debe ir a Antioquia con base en dos principios innegociables: armonía y prioridad.
En primer lugar, debe haber una verdadera coordinación entre la disponibilidad del presupuesto Nacional, el departamento y los municipios. En segundo lugar, es urgente priorizar obras que garanticen los derechos fundamentales; No podemos construir una carretera en el oriente cuando Urabá todavía pide acueductos y agua potable. Las inversiones deben satisfacer las necesidades humanas, no sólo el cemento.
Aunque el gobierno nacional invirtió en hospitales, vías de educación superior y educación superior –como la Universidad de Envigado– la gobernanza se vio obstaculizada por las relaciones políticas.
Es inaceptable que el actual gobierno limite la adopción de fondos o genere conflictos internos únicamente en nombre de intereses electorales. Las inversiones nacionales son necesarias y urgentes, pero requieren que las autoridades estatales dejen de lado las peleas políticas y se concentren en implementar lo que un territorio determinado realmente necesita.
¿Cuál es su posición sobre las propuestas de «federalismo» o mayor autonomía fiscal para Antioquia?
Hernán Muriel, candidato a la Cámara de Antioquia Foto:Hermandad para el cambio
Es importante distinguir entre estos dos escenarios. Respecto al «Antioquia Federal» impulsado por la derecha, mi posición es un rotundo «no». Se trata de una propuesta regresiva, motivada por intereses políticos, que sólo traerá divisiones y consecuencias negativas para el desarrollo fiscal y territorial tanto del departamento como del país.
Cuando se trata de autonomía fiscal, el enfoque de los clanes tradicionales es defectuoso porque intenta ignorar el principio constitucional de solidaridad. Mientras intentan romper el sistema nacional para obtener ventajas sectorial, el actual Gobierno Nacional es el que más ha avanzado en una verdadera descentralización al reformar el Sistema General de Participación, permitiendo que los recursos lleguen directamente a los municipios.
El debate es necesario, pero no en el marco de una visión que anteponga los intereses particulares a las necesidades reales del territorio.
¿Propondría más acciones en materia de Paz Integral, dada la situación de orden público en Antioquia? ¿Porque?
Hernán Muriel, candidato a la Cámara de Antioquia Foto:Hermandad para el cambio
Nuestra propuesta es clara: Debemos avanzar con determinación hacia la paz total, pero bajo la guía de una esperanza crítica. No se trata de un optimismo ciego, sino más bien de un análisis riguroso de lo que salió mal.
En territorios como Ituango, los líderes campesinos todavía recuerdan los meses posteriores al Acuerdo de La Habana como el único período de paz real en décadas; Sin embargo, este alivio duró poco. La lección es dolorosa pero obvia: cuando un Estado no habita las áreas dejadas por los grupos de desmovilización, esta ausencia absoluta es inmediatamente ocupada por otras estructuras ilegales.
El éxito de la Paz Total depende de que no repitamos estos errores sistemáticos. No podemos caer en una falsa dicotomía de que la única opción en caso de violaciones del alto el fuego o de una crisis del alto el fuego es levantarse de la mesa o rendirse.
Como decía Jaime Garzón: «Si se levantan de la mesa, tendrán que volver a sentarse. Y si paramos, nos tendrán que volver a sentar a nosotros».
La solución no puede ser una receta que ha fracasado durante sesenta años: una escalada de guerra cuya agresividad nunca golpea las áreas urbanas donde los políticos toman decisiones, sino que desangra las periferias del país.
Por lo tanto, el debate de hoy no debería versar sobre si se debe buscar la Paz Total, sino más bien sobre cómo avanzar de manera urgente y efectiva. Esto significa tres ejes básicos: no repetir los errores de acuerdos anteriores, corregir los errores de implementación del modelo actual y entender que durante las negociaciones el Estado debe mantener actividades militares estratégicas.
La paz no es sólo un deseo, es una necesidad territorial que no permite más dilaciones ni el regreso de una violencia que ya ha mostrado su esterilidad.