




Cuando hablamos de ciudadanía solemos pensar en derechos y responsabilidades, aunque pocas veces profundizamos en analizar su significado e implicaciones. El concepto se remonta a la antigua Grecia occidental e implicaba la participación directa en decisiones que afectaban a la comunidad.
Las dimensiones de lo que es un ciudadano incluyen, entre otras, dimensiones políticas, sociales, culturales o subjetivas que definen los derechos, deberes, percepciones, responsabilidades y comportamientos de un grupo de personas. Entonces, La ciudadanía digital no es sólo un conjunto de habilidades técnicas, sino una forma de participación activa. críticos y responsables en la vida pública digital.
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¿Por qué es importante comenzar con esta aclaración? Porque el término “menor” diluye las características y homogeneiza a todos aquellos niños y jóvenes que aún no han alcanzado una determinada edad, sin matices. En el sector digital esto tiene en ocasiones una connotación infantilizante que se orienta a la mera protección del niño. o jóvenes, sin su participación activa.
Baste recalcar que los conceptos sociales para mejorar tu privacidad son: destaca la insistencia en reforzar los protocolos de seguridad para el acceso a plataformas online o a contenidos que se consideren perjudiciales para su desarrollo. Por ejemplo, encontramos la propuesta de introducir sistemas de verificación de edad para evitar el acceso a plataformas pornográficas (en España la edad de acceso a estos contenidos es de 8 años).
Y el mayor riesgo en la era digital son las propias personas.. No debemos olvidar que detrás de cada ciberataque hay un perpetrador y detrás de cada pantalla atacada hay una víctima. Cuando se trata de cuestiones digitales, se dice que el principal factor de riesgo no es la herramienta -la tecnología- en sí, sino el factor humano.
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De hecho, hasta el 95 por ciento de las fallas de ciberseguridad se deben a errores humanos. Por lo tanto, Necesitamos tener una perspectiva social sobre el uso de la tecnología: Las herramientas digitales son medios, por y para las personas.
Tampoco podemos ni debemos sucumbir al alarmismo generalizado que establece una conexión causal entre el uso de las pantallas y las redes sociales y los problemas resultantes entre las personas, especialmente los niños, adolescentes y jóvenes. Así lo demuestra un estudio que indica que el riesgo de uso de la tecnología entre los jóvenes ya es bajo y varía mucho.
En caso de materialización, los autores declaran que No está directamente relacionado con la facilidad de uso de la tecnología, entendidas como horas de tiempo frente a una pantalla, pero con variables moduladoras como el género, la edad o la supervisión parental.
Por tanto, abordar la privacidad y las posibles amenazas que plantea el uso de Internet requiere una visión que involucre a toda la sociedad, prestando especial atención a los grupos más vulnerables. Ver a los niños y jóvenes como ciudadanos digitales implica su derecho a la participación y la expresión. no como meros destinatarios de medidas coercitivas o protección pasiva.
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El dilema
El desarrollo exponencial de Internet y las redes sociales en las últimas décadas ha propiciado esto una red global sin precedentes con numerosas ventajas y desventajas. Entre las ventajas podemos destacar la democratización del conocimiento, las oportunidades de comunicación o entretenimiento o los avances en varias áreas del conocimiento científico.
En cambio, El acceso a las redes sociales, especialmente de niños y jóvenes, ha ampliado el concepto de seguridad a nuevos horizontes que no fueron considerados hasta hace unas décadas. Un ejemplo es el impacto de la huella digital, entendida como el rastro de información que dejamos con cada foto, ubicación, búsqueda o comentario en Internet.
Un estudio español reciente encontró que el 62 por ciento de los jóvenes encuestados afirman entender el tipo de información que comparten en las plataformas. El 46 por ciento expresó preocupación por su huella digital; Sin embargo, más de la mitad dice que no sabe cómo proteger su información personal en línea.
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El contenido que publicamos en Internet generalmente nunca sale de Internet. Y esta exposición prolongada puede provocar problemas graves. A temprana edad, el ciberbullying, es decir, el acoso mediante el uso de nuevas tecnologías con el objetivo de asustar, humillar o causar algún daño a otras personas, es una de las principales amenazas derivadas del uso de las redes sociales.
Hay varios casos que podríamos destacar, sin embargo el ejemplo de Kayla Laws, una joven estadounidense sometida a un juicio por “pornografía de venganza”, muestra su impacto a diferentes niveles: individualmente, a través de los mensajes e insultos recibidos durante meses que traspasaron el ámbito digital; socialmente, por el debate existente sobre la privacidad y el intercambio de fotografías y vídeos con contenido sexual; y tecnológico, por el efecto de la huella dactilar, que escapaba al control de la víctima y era utilizada en su contra.
Aparte de eso, La persistencia de la huella digital tiene numerosos impactos en cada persona.tanto en el presente como en el futuro: la reputación online influye cada vez más en los procesos de selección de empleo, becas o acceso a la universidad.
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El desafío
La agrupación de estas ideas –tecnología producida por y para humanos, con error humano, y que debe requerir la participación activa de todos los humanos– es obvia La línea a seguir no va encaminada a prohibir el acceso a Internet o a las redes sociales, sino a educar sobre su uso. La educación digital no puede limitarse a prevenir daños. Debe apuntar a empoderar a una generación que es indígena pero no necesariamente competente en el tema.
La mera prohibición impide o al menos dificulta el correcto desarrollo de habilidades digitales, que también son cruciales para el futuro. La alfabetización digital debe ir más allá de la seguridad de las contraseñas o el conocimiento del uso de software la correcta gestión de la identidad digital y la defensa frente a amenazas, B. Ciberacoso, captación o recopilación de datos personales para utilizarlos con fines de ingeniería social.
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En este sentido, el Marco de Competencias Digitales (DigComp) propuesto por el Centro Común de Investigación y la Comisión Europea orienta estos esfuerzos hacia una de las prioridades del continente: la transición a la era digital.
Por ello, proponen que los ciudadanos deben tener un conjunto de competencias divididas en cinco dimensiones: Seguridad, alfabetización informacional, creación de contenidos digitales, resolución de problemas y finalmente comunicación y colaboración. En esta última dimensión reside la responsabilidad principal de la educación digital, porque educar para la ciudadanía digital significa enseñar cómo vivir juntos en un espacio donde la tecnología y lo social están inextricablemente vinculados.
Construir esta responsabilidad digital requiere la participación de múltiples actores y sectores: desde la familia y la educación hasta el suministro de herramientas y conocimientos críticos a las redes sociales y a las organizaciones privadas, Integre la protección de datos en el diseño de plataformas seguras respetando el marco Privacidad por diseñoes decir, está diseñado para priorizar la privacidad del usuario de forma predeterminada.
En resumen, Debemos hacer de Internet un espacio de oportunidad, participación y crecimientono es un lugar de vulnerabilidad permanente. Si queremos una sociedad justa, segura y democrática, debemos formar ciudadanos críticos para navegar en esta compleja era tecnológica.
CARMEN JORDA SANZ*
La conversación**
Director del Departamento de Criminología y Seguridad de la Universidad Camilo José Cela.
(**) Es una organización sin fines de lucro dedicada a compartir ideas y conocimientos académicos con el público. Este artículo se reproduce aquí bajo una licencia Creative Commons.



