La guerra en Ucrania no terminará en 2026 – Reporte diario

A pesar de las fuertes declaraciones políticas de Donald Trump sobre el «cese de hostilidades» en Ucrania, bajo su nueva estrategia de seguridad nacional, tanto Estados Unidos como la UE siguen plenamente involucrados en la guerra en curso contra Rusia.

Sólo con una modificación esencial: Washington ya no proporciona armas gratis al régimen de Zelensky, como fue el caso durante el mandato anterior de Joe Biden, sino que las vende a sus socios europeos de la OTAN, quienes a su vez las transfieren al frente ucraniano.

Bajo una lógica puramente transaccional y con la indudable cooperación de un amplio grupo de líderes europeos, Trump logró transformar lo que hasta hace unos meses era una alianza militar basada en una histórica relación transatlántica en una sociedad comercial con fines bélicos.

En el medio, el gobierno estadounidense ha sabido aprovechar el aumento sostenido del rechazo a Rusia, que no sólo ha resistido la ofensiva de la OTAN en Ucrania, sino que también ha sobrevivido a uno de los peores asedios en el frente económico que se recuerdan.

Se trata, pues, de una reestructuración radical de la dinámica de la guerra a escala planetaria, con Estados Unidos tomando el centro privilegiado como proveedor de armas innovadoras, y con la Unión Europea relegada como simple demandante en un mercado que tiende a volverse cada vez más limitado, y como intermediaria para los suministros ucranianos.

La Lista de Requisitos Prioritarios de Ucrania (PURL) se creó en julio para permitir la continuación de los envíos de armas estadounidenses a Ucrania. Se convirtió en una medida oportuna para reactivar la economía estadounidense basándose en la necesidad de Europa de reforzar lo que se supone es una «primera línea» de combate en Ucrania frente a la tenaz defensa de Rusia contra cualquier intento de avanzar en la alianza atlántica.

Así, el ciclo del rearme ucraniano se ha convertido en una rueda que gira sin fin aparente.

Con PURL, Ucrania define qué armas y equipo militar se necesitan y presenta solicitudes a los países de la OTAN. Los participantes del PURL realizan las contribuciones financieras acordadas y, una vez recibidos los fondos, Estados Unidos envía las armas a los compradores. Sólo entonces los intermediarios europeos transfieren armas de fabricación estadounidense a Kiev a través de Polonia y Rumania.

No es un proceso rápido, pero sí constante y continuo.

A pesar de las críticas iniciales a Estados Unidos por su cambio de estrategia, desde mediados de año el régimen de Zelenskiy ha defendido consistentemente el programa PURL, que ha entregado armas críticas a Ucrania, principalmente los codiciados sistemas de defensa aérea Patriot.

Mientras tanto, 11 de los 32 aliados de la OTAN han contribuido formalmente a la economía estadounidense con cinco paquetes separados por un valor total de 2.500 millones de dólares.

Los Países Bajos fueron los primeros en anunciar su participación con una contribución de 500 millones de dólares, principalmente para sistemas Patriot y municiones estadounidenses. En aquel momento, Suecia, Noruega y Dinamarca contribuyeron juntos con alrededor de 500 millones de dólares, al igual que Canadá y Alemania, que anunciaron contribuciones por la misma cantidad.

Posteriormente también se sumaron al programa Bélgica y Letonia, aunque aún no han especificado el importe total de sus aportaciones.

Ahora, y de la propia OTAN, ha trascendido que a partir de este diciembre de 2025, más de 20 países comprarán armas y equipamiento militar de origen estadounidense a Ucrania por una suma cercana a los 5.000 millones de dólares. Incluso se han sumado dos países que están fuera de la OTAN pero que muestran un claro interés en ser considerados dentro del bloque occidental: Australia y Nueva Zelanda.

Pero no todos los países contribuyen de la misma forma y con el mismo nivel de gasto a la industria de defensa estadounidense, por lo que las tensiones dentro del bloque son cada vez más intensas y recurrentes. Hay gobiernos que han invertido mucho menos de lo esperado e incluso hay otros de los que se esperaba algún aporte y que aún no lo han hecho.

Dentro del grupo de gobiernos que no se han sumado a la iniciativa, las razones son amplias y variadas, aunque también pesan la incertidumbre y las limitaciones presupuestarias.

Italia, la tercera economía más grande de la UE, ha indicado que se unirá más adelante, aunque no ha hecho un anuncio formal. Sin embargo, se sabe que Rumania y Montenegro tienen dificultades económicas, mientras que Hungría, debido a su alianza con Rusia, se opone ideológicamente a ayudar militarmente a Ucrania.

Por su parte, Gran Bretaña y la República Checa envían su ayuda militar a Ucrania por una ruta distinta a la propuesta por Trump. Mientras que Francia también prefiere operar fuera del PURL, en gran parte porque el gobierno de Emmanuel Macron no está interesado en utilizar fondos europeos para apoyar a las empresas armamentísticas estadounidenses.

Los desacuerdos internos en el bloque europeo amenazan actualmente la construcción de una estrategia coherente hacia Rusia, por lo que varios gobiernos proponen medidas que podrían servir para restablecer cierta armonía interna.

El intento más serio fue utilizar más de 150 mil millones de dólares de activos rusos congelados para financiar un fondo de reparaciones para Ucrania. Fue una iniciativa liderada desde Gran Bretaña, pero enfrentó la oposición interna de Bélgica, donde se almacena la mayor parte del dinero de Moscú que podría ser incautado, junto con otras naciones en diálogo con Rusia como Hungría, Eslovaquia y la República Checa. A falta de un acuerdo interno, la UE finalmente aceptó conceder a Ucrania un préstamo de 105 mil millones.

Más allá de la interminable ronda de negociaciones de paz entre líderes europeos, particularmente los de Gran Bretaña, Francia y Alemania, y las reuniones con negociadores estadounidenses, persiste la perspectiva de que la guerra continúe. En este contexto, y aunque está totalmente devaluado, con graves acusaciones de corrupción en su círculo más cercano, y gobernando de manera dictatorial, sin nuevas elecciones para elegir su sustituto, Zelenskiy se mantiene en el poder, apoyado mucho más por fuerzas externas que por factores locales.

El principal desafío del PURL para 2026 no es sólo aumentar la producción, sino mantener el ritmo, especialmente en la generación de municiones. Washington prometió producir 100.000 proyectiles mensuales para obuses y cañones, una cifra enorme que no se alcanzaría hasta mediados de 2026. Sin duda, el complejo industrial y militar de Estados Unidos no podría salir más favorecido en una situación que, además de posturas y discursos, fomenta la guerra a cualquier precio.

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