En lo que va del año, los precios en Neiva se han acelerado a un ritmo mayor respecto al mismo periodo del año pasado; un panorama que también se refleja en el promedio nacional, informó anoche el Dane.
@cate_manchola
Desde noviembre de este año, el costo de los bienes y servicios que consumen los neivanos ha crecido a un ritmo mayor que en el mismo periodo del año pasado, reveló el Departamento Administrativo de Estadística del Estado (Dane). Anoche, el organismo estadístico dio a conocer que el índice de precios al consumidor (IPC), en términos anuales, fue de 4.60%, cifra superior a la registrada hace un año cuando fue de 4.28%, lo que significa que actualmente la capital del Huila tiene una inflación superior a la del 2024.
De las 12 categorías de bienes y servicios analizados por el Dane, la educación registró la mayor inflación, seguida de bebidas alcohólicas y tabaco, restaurantes y hoteles, y alimentos y refrescos. A excepción de recreación y cultura, cuya variación es negativa, es decir, los precios subieron menos que hace un año, todos registraron un salto.
Sin embargo, la inflación anual en la ciudad está por debajo del promedio nacional, lo que muestra una menor aceleración del crecimiento del costo de vida en esta ciudad en comparación con el promedio.
Por ciudades, Bucaramanga registró el mayor aumento y Santa Marta el menor, pero eso no quiere decir que sean las ciudades más caras ni las más baratas. Es importante recordar que la inflación no mide qué ciudades son más caras, sino cuánto han subido los precios en cada una de ellas respecto al periodo anterior.
Tierra
En el país, la inflación anual también está superando la registrada hace un año, y para algunos expertos, la cifra podría terminar siendo igual, o en el peor de los casos, superior a la del año pasado, traduciéndose en un «año perdido» al tratar de controlar este indicador, como señaló el mes pasado el centro de estudios económicos Anif.
Según el Dane, el IPC anual en noviembre fue de 5,30%, mientras que hace un año fue de 5,20%.
El país ha estado experimentando hiperinflación durante más de cuatro años y por encima del rango objetivo del 3%. Para intentar frenar esto y que los precios aumenten a un ritmo saludable para la población y la economía del país, el Banco de la República aumentó las tasas de interés, lo que generó polémica, especialmente en el Gobierno del presidente Gustavo Petar, quien exige una reducción más rápida de las tasas. Durante este año, fue talado sólo una vez; actualmente la tasa de intervención es del 9,25%.
Los expertos esperaban una disminución de la inflación anual para este año, pero las proyecciones fracasaron.
Reacciones
En medio de las discusiones sobre el aumento del salario mínimo y donde los datos de inflación son clave, varios sectores piden cautela en el ajuste.
Para la presidenta de la Cámara Colombiano Americana (AmCham Colombia), María Claudia Lacouture, «en este contexto, un aumento desproporcionado del salario mínimo crearía mayores presiones de costos, afectando el crecimiento y el empleo y, en definitiva, empeorando el poder adquisitivo que queremos proteger. Este resultado requiere cuidados para preservar la consolidación y el equilibrio formal de la competitividad del país».
Por su parte, Jackeline Piraján, economista jefe de DAVIbanka, cree que «hay una gran incertidumbre sobre si Colombia podrá alcanzar o no el rango meta del Banco Central en 2026. Y en este debate es muy importante saber en qué nivel se fijará el salario mínimo para 2026, ya que notamos que parte de esos salarios fueron parte de ese precio2 durante 2026 al consumidor final de manera bastante fluida».
Según los expertos, «estamos en una situación en la que la demanda interna permite que esta transferencia de precios sea bastante fluida. Y si vemos un aumento significativo del salario mínimo por encima de la regla tradicional de inflación más productividad, probablemente nos llevará mucho más tiempo alcanzar la meta de inflación del Banco Central».
La próxima semana continúan las negociaciones sobre el salario mínimo, donde algunos empresarios no aceptan una corrección de dos dígitos como exigen los representantes de los trabajadores en la mesa de negociación.
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