Historias dramáticas de empleados del hospital San Rafael de Itagüí que hicieron llorar a su director – Reporte diario

Hospital San Rafael de Itagüí

Foto:Hospital San Rafael de Itagüí

Esta imagen es desgarradora y difícil de procesar para una sociedad que confía su vida a quienes visten de blanco.

El pasado jueves 15 de enero, durante una conferencia de prensa del Gobierno de Antioquia sobre la crisis sanitaria, el director del hospital San Rafael de Itagüí, en un acto de brutal honestidad y desesperación, rompió en llanto frente a las cámaras, confesando una realidad que ya no puede ocultar a los datos administrativos: el sistema de salud antioqueño no sólo está en quiebra financiera, sino que está devorando la dignidad de sus trabajadores y la seguridad de sus pacientes.

La falta de fondos para pagarles fue un grito de auxilio de un directivo que ve caer el centro de salud que dirige en una crisis de la que no hay retorno.

«Para ser honesto, en diciembre fue muy difícil ver a los funcionarios venir llorando y decir que no tenían nada para comer, ni pagar el alquiler ni dar regalos a sus hijos.. Y decirles que no hay cómo pagarles”, dijo Arroyave entre lágrimas y con la voz entrecortada.

Y la situación del hospital, institución clave al sur del Valle de Aburrá, ha dejado de ser una cuestión de contabilidad y se ha convertido en una tragedia humanitaria. un segundo La deuda de las Entidades Promotoras de Salud (EPS) con la red hospitalaria de Antioquia alcanza la astronómica cifra de 8 mil millones de pesos, En los pasillos de San Rafael el hambre y la miseria son los nuevos habitantes.

EL TIEMPO visitó este sitio en el sur del Valle de Aburrá y conversó con dos trabajadores que vivieron de primera mano lo que les contó el gerente. Sus historias confirman una situación que se ha vuelto insostenible.

Foto:alejandra mercado

Contenido

El drama de quienes se preocupan: trabajar con el estómago vacío

Jonathan Avendaño, enfermero gerente del programa de seguridad del paciente, comparte poderosamente cómo la crisis financiera ha impactado la vida personal de quienes están en primera línea de la atención médica. Según Avendaño, el hospital se encuentra en una situación «bastante difícil y complicada» por meses de atrasos salariales.

El impacto emocional de la temporada navideña fue particularmente severo. “Tuvimos que abstenernos de comprar detalles para la familia, lo cual es normal en estas celebraciones”.– explicó la enfermera. Pero más allá de la falta de regalos, la crisis se convirtió en las necesidades básicas de la vida.: pagar el alquiler, el transporte y, lo más importante, la comida diaria.

“Hay personas que lo intentan y a veces nos dicen: ‘Jefe, me estoy poniendo en la tesitura de comer o venir a trabajar’”, dice Avendaño. La realidad supera toda ficción: ha habido informes de auxiliares de enfermería que se desmayaron en el metro de Medellín camino a su turno simplemente porque no estaban comiendo adecuadamente.

«Hay personas que se esfuerzan mucho y a veces nos dicen: ‘Jefe, me estoy poniendo en una situación en la que o como o vengo a trabajar'».

Jonathan Avendaño, enfermero responsable del programa de seguridad del paciente del hospital

Avendaño incluso confirmó escenas que parecen sacadas de una historia de ficción: trabajadores que tienen que pasar la noche en el aparcamiento de un hospital o junto a los guardias porque no tienen dinero para el billete de vuelta a casa y debe estar presente para el siguiente turno. En un gesto de extrema solidaridad ante la incertidumbre, el personal incluso pidió permiso para comer los restos de comida tras el alta del paciente por la tarde. “Esta situación es bastante dolorosa”, resume la enfermera.

Y si bien las lágrimas del técnico Arroyave en la rueda de prensa resaltaron esta difícil realidad, lo cierto es que no se trata de una situación nueva.

En este caso, la deuda salarial era de casi tres meses, pero en años anteriores, según la enfermera, había llegado a ser de seis o siete meses sin pagos.

“Tuvimos entre seis y casi siete meses antes de que llegara el actual gerente. Fue en grupos: algunos de siete, otros de seis meses, otros de cinco meses. Estábamos en una crisis mucho más fuerte. ¿Qué pasó? Bueno, vino nuestro gerente, hizo un esfuerzo, buscó con el gobierno todas las alternativas necesarias y hasta logró conseguir donaciones del mercado para ayudarnos”, dice Avendaño.

UCI a media velocidad y pacientes de riesgo

Hospital San Rafael de Itagüí

Foto:alejandra mercado

La crisis se siente no sólo en el estómago de los trabajadores, sino también en las posibilidades técnicas de salvar vidas. Dr. Omar Ramírez Ochoa, coordinador de la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), describe un panorama técnico sombrío. De las 12 cabinas en las que puede funcionar la unidad de cuidados intensivos, actualmente sólo seis están operativas.

La razón de este recorte del 50 por ciento es doble: la escasez de suministros médicos cruciales y la deserción masiva del personal de enfermería que ha optado por abandonar sus puestos debido a la falta de salario.

“Hay una enorme falta de insumos y dispositivos médicos”, advierte el doctor Ramírez. La situación es tan crítica que médicos y enfermeras están recaudando dinero de sus propios bolsillos para comprar artículos tan básicos. como guantes o papel higiénico.

En la práctica clínica, la falta de medicamentos esenciales como relajantes musculares, anestésicos y sedantes complica la atención segura. “Lo más difícil a veces es la falta de relajantes musculares necesarios para proporcionar al paciente las mejores condiciones”, explica el coordinador.

Hospital San Rafael de Itagüí

Foto:Quejas de Antioquia

Esta carencia obliga a los médicos a tomar decisiones dolorosas, como limitar el ingreso de nuevos pacientes o realizar traslados de emergencia a otras instituciones cuando se agoten los suministros.

La situación ha llegado a tal punto que en ocasiones los trabajadores que viven en municipios alejados de Itagüí no tienen dinero para viajar y llegar a trabajar.

“Aquí viven empleados Amagá (Sudoeste) y había situaciones que eran tan críticas que teníamos que decirle a la gente, «pues ni modo, no vengan, vamos a ver cómo lo solucionamos». Y aquí seguimos trabajando con las uñas para poder seguir trabajando y brindar una atención segura a nuestros pacientes, que es lo más importante para nosotros como hospital”, afirma el Dr. Ramírez.

El médico señala enfáticamente que el sistema ha llegado a un límite insostenible: “La situación institucional ha llegado a un punto de no retorno. Es necesario que empiecen a llegar respuestas rápidas». El dolor no es sólo físico para los pacientes, sino moral para los líderes: «Tenemos que decirles a los familiares ante el dolor: ‘No podemos'». «Es absolutamente crudo».

La difícil situación de las familias: «Parece un campo de batalla»

Hospital San Rafael de Itagüí

Foto:Quejas de Antioquia

Para algunos usuarios, el Hospital San Rafael ha dejado de ser un centro de tratamiento y se ha convertido en un lugar de espera incierta y dolorosa. Johana Baena, nieta de un paciente de 80 años que sufrió un accidente doméstico, ha denunciado públicamente la extrema incertidumbre que vive su familiar. Después de tres días de ingreso en el hospital, su abuela, que requiere cirugía, solo recibía tramadol para el dolor.

«Ni siquiera nos dan fecha para la cirugía, no hay medicamentos adicionales, no hay ningún especialista que pueda llevarla», denunció Baena. Su descripción del hospital es sombría: «vimos pacientes en sillas, en los pasillos, este hospital realmente parece un campo de batalla».

La situación llegó a tal punto que los mismos sanitarios, a su juicio, reconociendo la incapacidad del centro para atenderla, recomendaron a la familia firmar un certificado de salida voluntaria.

La joven llamó urgentemente al gobierno de Antioquia y a la alcaldía de Itagüí a colocar una lupa en el hospital «en nombre de la dignidad de los enfermos».

Afortunadamente para la abuela, ya fue operada y está esperando su recuperación.

Contexto regional: estrangulamiento financiero por 8 mil millones de pesos

Crisis en la prestación de servicios de salud

Foto:Archivo EL TIEMPO

El drama en San Rafael no es un hecho aislado, sino el síntoma más agudo de la enfermedad que afecta a toda la red de hospitales de Antioquia. Las deudas acumuladas de la EPS con los hospitales de la división se estiman en 8 mil millones de pesos, manteniendo al sistema en un estado de perpetua asfixia.

Esta deuda se divide entre la red pública, a la que se le deben 2 mil millones de pesos, y la red privada, a la que se le deben 6 mil millones de pesos.

En el sector público, las EPS intervenidas adeudan 1,1 billones de pesos, siendo Savia Salud la entidad con mayor atraso, que asciende a 486.000 millones de pesos.

Según los expertos, esta crisis ya se está cobrando vidas y ha provocado el cierre parcial de servicios en muchas instituciones, dejando a miles de ciudadanos en la incertidumbre.

Deudas con entidades médicas en Antioquia

Foto:Gobernación de Antioquia

Si bien en 2023 se cerraron 622 servicios, este número aumentó a 877 en 2025.

La situación es tan grave que la tasa de ocupación promedio de los departamentos de emergencia en el Valle de Aburrá ya es del 110 por ciento, mientras que en el resto del departamento es de un alarmante 108 por ciento.

Respuesta de Savia Salud

Ante las denuncias de los directivos del Hospital San Rafael, Nueva EPS, que tiene una deuda cercana a los 9 mil millones de pesos, aún no se ha pronunciado.

Así lo hizo EPS Savia Salud, quien el 16 de enero de 2026 emitió un comunicado oficial explicando su situación financiera. Según la entidad, para 2025 Savia Salud donó al hospital más de 18 mil 707 millones de pesos, lo que representa más del 80 por ciento del monto donado este año.

La EPS sostiene que ha mantenido un pago mensual promedio superior a los 1.500 millones de pesos, y al cierre de 2025 pudo liquidar 1.540 millones adicionales. Savia Salud destaca su «firme compromiso» con los pagos oportunos y señala que en total transfirió más de 1,3 billones de pesos a la red pública el año pasado.

El agente interviniente especial Savii Salud instó a mantener abierto el diálogo e invitó a los proveedores a «mantener canales directos y eficaces», asegurando que así se garantizaría el flujo de recursos. Sin embargo, esta versión del «flujo de recursos» choca con la realidad descrita por el director del hospital, quien entre lágrimas asegura que sus empleados no tienen nada para comer.

La discrepancia entre los datos de las EPS y la realidad en los servicios de emergencia del Hospital San Rafael de Itagüí es un abismo que, de no cerrarse rápidamente, amenaza con sepultar la salud pública en una de las regiones más importantes del país. La crisis dejó de ser una disputa administrativa y se convirtió en una cuestión de supervivencia de los empleados y, para algunos pacientes, de vida o muerte.

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