La élite del tenis femenino sufre un abrumador dominio europeo y norteamericano, en comparación con una minoría latinoamericana que intenta ganar terreno a pesar de diversos desafíos, desde la geografía hasta la falta de patrocinio.
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Emiliana Arango, Camila Osorio y Renata Zarazúa, tres de las raquetas más conocidas de la región, analizan para la AFP las barreras económicas, deportivas y culturales que obstaculizan el desarrollo de las jugadoras en América Latina.
Problemas de entrenamiento
El tenis femenino en América Latina tiene sólo cuatro representantes en el top 100 del WTA: las colombianas Arango (59) y Osorio (61), la brasileña Beatriz Haddad Maia (66) y la mexicana Zarazúa (89). Ninguno ha ganado un Grand Slam.
«El talento existe. En Colombia, entre 10 y 12 años, a las niñas les va muy bien: hacen un buen trabajo y ganan torneos en Sudamérica», dice Osorio, de 24 años.
¿Qué pasa después? La jugadora cucuteña lanza un tiro profundo: “A eso de los 16 años las chicas se quedan en la etapa de formación, porque de repente no pueden viajar para seguir preparándose y compitiendo”.
Condiciones geográficas
Su compatriota Arango, de 25 años, cree que las condiciones geográficas juegan en contra de los deportistas, tanto juveniles como profesionales.
«Dentro de Europa es muy fácil viajar, pero mire América Latina. Un vuelo de Ciudad de México a Bogotá son cinco horas; la distancia es bastante larga y los vuelos son caros», dispara de revés.
«Además, muchas veces los torneos europeos no son en las grandes ciudades. Hay que hacer conexiones que muchas veces no tienen sentido», añade el tenista de Medellín.
En una breve nota, Arango destaca la estructura “muy fuerte” de países como Estados Unidos. «Tiene muchos torneos y recursos para apoyar a sus jugadores. Eso marca la diferencia».
Osorio sale a la red y rescata, sin embargo, el surgimiento de nuevos torneos en la región que evitan costosos viajes a Norteamérica y Europa.
Enfoque y fuerza mental
En el camino hacia el profesionalismo, Osorio considera que alrededor de los 15 años un apoyo más cercano es fundamental para los futuros tenistas.
«Sabemos que en América Latina necesitamos más apoyo familiar para persistir. En Europa (…) a esa edad las niñas están muy enfocadas en lo que quieren y en lo que van a lograr», señala.
Zarazúa toma acción y señala que los tenistas latinoamericanos también tienen que enfrentar diferentes realidades culturales y psicológicas.
“Tenemos la cultura de no creer que podemos ser tan buenos, a veces nos cuesta mucho tener esa confianza para decir que somos buenos y podemos lograr cosas en el tenis”, afirma el mexicano de 28 años.
«Los europeos son valientes y tienen sangre fría, y nosotros entrenamos tan duro como ellos, sólo necesitamos tener más malicia en el campo», concluye.
Un deporte caro
Una vez establecidos en el ámbito profesional, los tenistas latinoamericanos deben pagar un equipo integrado por un entrenador, preparador físico, psicólogo, nutricionista y fisioterapeuta.
“Preparar una temporada es bastante caro, porque también tienes que pagar desplazamientos, hoteles y comida para ti y, al menos, para tu entrenador y tu fisio”, explica Osorio.
Ante estos requisitos, es fundamental que los tenistas cuenten con patrocinadores, pero en América Latina es difícil conseguirlos, incluso para la raqueta mejor clasificada de la región.
“La verdad es que todavía me resulta bastante difícil encontrar patrocinios”, comparte Arango. “He tenido la suerte de encontrar, en Colombia, la empresa Colsanitas que apoya al tenis desde hace muchos años”.
Misión: ascender en el ranking
Posicionados entre los 100 mejores tenistas del mundo, Zarazúa, Osorio y Arango afrontan sus respectivos retos para ascender en el ranking.
El brasileño Haddad, de 29 años, ha conseguido la mejor posición de los cuatro, alcanzando la décima posición en 2023.
La mejor latinoamericana de la historia, la brasileña María Esther Bueno, triple ganadora en Wimbledon, fue número uno del mundo (1959, 1960, 1964 y 1966) cuando el ranking WTA no existía.
Mi objetivo es “estar entre los 50 primeros a final de año, suena difícil, pero haciendo las cosas bien lo puedo conseguir”, afirma Zarazúa.
“Mi objetivo es estar entre los 30 mejores del mundo”, afirma, sin embargo, Osorio.
«Como todo en la vida, es paso a paso. Naces y no huyes, primero tienes que darte la vuelta, luego gatear y luego empezar a caminar. Y en el tenis pasa lo mismo, no es que las cosas lleguen de un día para otro, sino que poco a poco cada día vas sumando y en algún momento te paras a mirar y ya estás», dice Arango.
eldeportivo.com.co/AFP



