Como país que sabemos que estamos bloqueados por mar y cielo, la orden de un fraude político como Trump es llevar a este país al colmo de la extorsión por una farsa militarizada. Trump ha llevado el discurso al límite del mismo chantaje, desde el momento en que cambia el sentido de su chantaje y lo sitúa más allá de la persecución de las bandas narcotraficantes y lo lleva a la acusación de robo de petróleo y de nuestras riquezas naturales, las tierras raras como ahora les gusta llamarlas. La farsa continúa pero ahora es mucho más ambiciosa.
Estados Unidos necesita nuestra energía y han ideado el mejor argumento para forzar una posible negociación para recuperar la riqueza y sobre todo las reservas de petróleo del país. Ahora con los que va a negociar no son agentes políticos de bondad y defensa de la soberanía, es un compinche de regímenes fraudulentos, bien se sabe. Estados Unidos y Venezuela, desde sus respectivos estatus gubernamentales, juegan a la mentira y desde allí organizan sus respectivas naturalezas e intereses.
La ofensiva militar estadounidense es la primera estrategia engañosa y perfectamente mentirosa que arriesga el futuro del continente pero interactúa con el que ha sido designado como su principal enemigo en el continente, acusando al gobierno de turno en nuestro país de narcoterrorista. Esta será una gran oportunidad para retener el poder para aquellos que son el gobierno o la escoria del gobierno. Las acusaciones de usurpación imperialista y el discreto apoyo de potencias como China y Rusia son suficientes para convertir a Venezuela en un eje capital en el orden mundial.
Este juego de presión militar de Estados Unidos y contraataques verbales de las bandas mafiosas que gobiernan nuestros países permite, por un lado, mantener una mentira compartida, que actúa como una gran potencia imperialista para hacer una gigantesca maniobra propagandística frente a su supuesta lucha contra el terrorismo y el narcotráfico, y por otro, mantendrá su imperialismo antipolar. Se trata de dos grandes mentiras que sirven al juego de poder y preservan su supuesta legitimidad. En el caso venezolano es bastante obvio, el ataque militar con una gran flota militar y aérea es una realidad que no tiene otra salida que el bloqueo costero y aéreo que destruye la coherencia nacional, la mentira funciona en este caso en forma de robo producto del bloqueo. Por su parte, independientemente de las circunstancias que dejan a un país sin reservas de ningún tipo, el bloqueo y el robo de barcos con ingentes cargamentos de petróleo, es una magnífica oportunidad para que sus mentiras y despilfarros con todo tipo de personajes motivados por la corrupción global, sirvan de arquetipo de acusación al imperialismo.
Ahora hasta dónde puede llegar este juego de chantajes, acusaciones y mentiras, a ambos gobiernos les importa un comino lo que esto signifique para las condiciones de vida de poblaciones enteras, el problema es mantener o fortalecer el poder estatal que ya tienen. Estados Unidos no puede soportar los costos de tal chantaje militar. Y de nuestro lado, no pueden soportar la pérdida de recursos que conlleva el bloqueo. Esto terminará desde el momento en que cualquiera de los dos celebre un acuerdo negociado donde cada persona de alguna manera obtenga su beneficio. Maduro está abandonando el poder para recuperarlo a través de nuevas elecciones donde ya controlan los personajes y los resultados de las elecciones, mientras que Trump hará de este hecho su propia victoria.
lunes, 12 de enero de 2026