8 de enero de 2026
Elementos de seguridad que tuvieron que fallar para que fuerzas especiales del ejército estadounidense secuestraran al presidente Nicolás Maduro.
Análisis.
La operación «Resolución Absoluta» es un caso de estudio. Hay que aprender de los errores.
El secuestro del presidente Nicolás Maduro y Cilia Flores en la madrugada del 3 de enero de 2026, durante la llamada “Operación Absolute Resolve”, no debe interpretarse sólo como un logro de las fuerzas especiales estadounidenses. Este evento proporciona un estudio de caso del colapso sistémico de una estructura de defensa, inteligencia y contrainteligencia. La operación, en la que participaron más de 150 aviones y fuerzas especiales (Delta Force y Night Stalkers), reveló fallas críticas en cuatro pilares fundamentales: inteligencia, comando y control, defensa aérea y seguridad presidencial. Sin estos fracasos no hubiera sido posible la supuesta invulnerabilidad con la que sobrevolaron Caracas.
La suposición de que una operación tan compleja y de alto riesgo resultó en una «ejecución de manual» sin resistencia organizada sólo puede explicarse por una metástasis operativa dentro de la cadena de mando venezolana. Fueron 32 combatientes cubanos que cayeron en cumplimiento del deber, algunos en el Batallón de Honor del Presidente, eso habla por sí solo, gente buena, valiente, que luchó duro y sus familias fueron informadas. Pero como muestran los vídeos que hemos analizado, no hubo mando, organización y estrategia, un resultado favorable para las fuerzas defensivas era imposible.
Fue un fracaso estratégico: la penetración de la inteligencia. El primer y más grave fallo se produjo meses antes del asalto: la pérdida total de control sobre la información. La cronología del Pentágono revela que la operación fue la culminación de meses de planificación y exhaustivo trabajo de inteligencia. Es innegable que los sistemas de defensa aérea venezolanos, los aviones, los helicópteros fueron localizados, no hubo desintegración de fuerzas y medios, a pesar de estar en alerta no se observaron los principios fundamentales de combate que hubieran impedido o al menos dificultado el éxito de la operación imperialista.
Definitivamente fue una traición interna.
La precisión con la que la fuerza de ataque llegó al conjunto residencial del presidente Maduro a las 2:01 a.m. hora local es prueba innegable de penetración humana al más alto nivel. Maduro, consciente de la amenaza, cambiaba cada día de paradero. El hecho de que Delta Force supiera exactamente dónde encontrarlo en ese preciso momento sugiere una «entrega» o «venta» de información desde su círculo íntimo. Sin esta premisa, la inserción de tropas por vía aérea en Caracas era una misión casi imposible.
Fracaso total de la elaboración de perfiles y la contrainteligencia.
Las agencias de inteligencia estadounidenses (CIA, NSA, NGA) rastrearon durante meses los movimientos de Maduro, incluidos sus hábitos, viajes, lugares visitados e incluso sus mascotas. Este nivel de detalle indica un fracaso masivo de la contrainteligencia venezolana para detectar y neutralizar el espionaje electrónico y la vigilancia física. La incapacidad de identificar y neutralizar la fuente de inteligencia que permitió este perfilamiento exhaustivo es el error estratégico que condenó la seguridad del Presidente, para ello hay principios inviolables, no están por gusto, la rutina es enemiga del que cazan, conviene sí, pero es malo, los movimientos, los lugares, los caminos y hasta el horario de la guardia no se pueden fijar. La movilidad es la peor noticia para un equipo que va a secuestrar un objetivo de alto valor, porque practican en lo inmóvil, aunque la interceptación se realizará en caravana, se determina el lugar de la emboscada.
El colapso operativo.
La fase de ejecución se centró en la decapitación del sistema nervioso central de las fuerzas armadas venezolanas, logrando una paralización del mando y control en los primeros minutos de la operación. Fue un fracaso conceptual, ya que se conocían las capacidades de la guerra electrónica estadounidense, pero aparentemente no se consideraron medios de comunicación distintos a los utilizados a diario debido a la casi inexistente respuesta.
Neutralización de infraestructuras críticas.
A las 02:00 horas el ataque tuvo como objetivo simultáneamente objetivos clave:
- Fuerte Tiuna: El principal complejo militar, sede del Ministerio de Defensa y del CEOFANB, fue atacado para impedir una respuesta coordinada.
- Base Aérea La Carlota: Neutralizada para establecer superioridad aérea local y eliminar capacidades de interceptación.
- Cerro El Volcán: Un ataque quirúrgico a este nodo clave de comunicaciones creó un estado de «niebla informativa» en el liderazgo venezolano.
Es prácticamente inconcebible que no hubiera lugares alternativos a los objetivos atacados desde los cuales se pudiera contrarrestar, que los medios aéreos estuvieran dentro del alcance en lugar de desmembrados y enterrados, que las comunicaciones se establecieran únicamente por radio.
Guerra electrónica y corredor aéreo seguro.
La operación se basó en activos de guerra electrónica (EW), como los EA-18G Growlers, y la capacidad de CyberCom para crear un corredor aéreo seguro. La afirmación del general Dan Rising Kane de que la operación creó un «cortocircuito gigantesco en el centro de Caracas manteniendo el elemento de sorpresa táctica». (algo verificado en varios videos) señala que las capacidades de mando y comunicaciones de Venezuela fueron suspendidas antes de que se pudiera emitir una orden de contraataque coherente.
Pasividad táctica.
El fracaso de una extensa defensa aérea. Este es el juicio más crítico desde una perspectiva de defensa militar de la soberanía. La Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) no combatió al atacante.
Inactividad:
En el ataque aéreo participaron más de 150 aviones, incluidos cazas F-35 y F-22, bombarderos B-1 y una docena de helicópteros del 160º SOAR que volaban a baja altitud (100 pies). La respuesta venezolana al respecto fue prácticamente nula.
- Neutralización en tierra: Los informes indican que el avión de combate Su-30MK2, principal vector de superioridad aérea, fue destruido en tierra
- Fallo doctrinal: en una fuerza aérea operativa mínima, ante una amenaza creíble, los cazas deben ponerse en alerta inmediata y despegar para interceptar. Que no hayan despegado significa: o una orden directa de inacción (traición) o una parálisis total del mando y control que impidió la ejecución de la misión básica.
Factor tecnológico.
El uso de helicópteros MH-60M Black Hawk (DAP) equipados con el radar de seguimiento terrestre AN/APQ-187 Silent Knight permitió a los «Night Stalkers» volar a muy baja altitud en total oscuridad, minimizando la detección por parte de los sistemas de defensa aérea (algo respaldado por los vídeos que hemos analizado). Pero la ausencia de una respuesta de los sistemas de defensa aérea o de los propios aviones de combate en espera convierte la superioridad tecnológica estadounidense en una simple demostración de fuerza que no enfrentó resistencia activa. Supongamos lo siguiente: ¿Cuántos videos has visto de helicópteros sobrevolando Caracas? Si la persona que grababa los vio, también estaban dentro del alcance de tiro. ¿Por qué no fueron derribados? Las defensas aéreas simplemente se volvieron confiadas; Llevaban varios días bajo tensión y ya creían que no pasaría nada.
Fallo del anillo de seguridad presidencial.
La seguridad personal de Maduro estaba en duda, según algunos informes y estimaciones, cuando llegaron al lugar donde luego fue secuestrado durante unas dos horas en una intensa batalla. Están circulando los nombres y rangos de algunos miembros de la Guardia de Honor del Presidente, pero aún no hay nada oficial. Es claro que el batallón de honor luchó, entre ellos nuestros combatientes que cumplieron misión en el hermano país. Prueba de ello es que esta batalla fue la más larga de toda la operación, pero los dejaron solos, sin apoyo, y el resultado final fue el secuestro del objetivo de alto valor, por lo que no hubo plan de salida, rutas alternativas de escape, barricadas para evitar la intrusión enemiga, ni comunicación con unidades de apoyo de las fuerzas especiales venezolanas que deberían haber estado en servicio de combate.
Superstición y facilidad de protocolo.
En nuestro análisis inicial, ya señalamos el exceso de confianza del entorno de Maduro, incluso visto conduciendo por Caracas. Este comportamiento está lejos de los protocolos de seguridad para un objetivo de alto valor bajo constante amenaza. La seguridad del presidente se había vuelto estática y predecible, facilitando el trabajo de inteligencia de los estadounidenses.
La inutilidad de la fortificación estática.
El presidente Trump reveló que Maduro estaba tratando de llegar a un refugio fortificado dentro de su complejo, descrito como una «fortaleza» con puertas de acero. Sin embargo, la velocidad de la Fuerza Delta fue tal que el plan de contingencia fracasó. La seguridad falló en:
- Alerta temprana: no detectaron el acercamiento de los helicópteros a tiempo para que el presidente Maduro se pusiera a cubierto.
- Respuesta táctica: La fuerza de detención «se movió con velocidad, precisión y disciplina» y superó las capacidades de respuesta del módulo de seguridad. El hecho de que la captura se lograra sin sospechas de bajas estadounidenses (sólo un avión impactado) sugiere que la resistencia fue ineficaz. Estos informes de cero bajas estadounidenses hay que tomarlos con cautela, es difícil que en una batalla tan intensa como la que acabó con el secuestro de Maduro apenas haya bajas en ninguno de los bandos. Trump no es conocido por su honestidad, y toda esta operación es también un mensaje aterrador para el resto de los países adversarios de Estados Unidos en la región.
La «Operación Resolución Absoluta» fue un éxito para Estados Unidos, hay que decirlo literalmente, pero fue sobre todo una derrota autoinfligida para el aparato de seguridad venezolano. El secuestro de un jefe de Estado en ejercicio, en el corazón de su capital y sin un combate aéreo o terrestre significativo, no es un simple revés, sino una prueba de que el sistema de defensa y seguridad se ha derrumbado desde sus cimientos.
La combinación de traición interna (Inteligencia), parálisis del mando e inacción de la defensa aérea convirtió una operación de muy alto riesgo en una simple incursión de precisión. Como señala uno de los análisis, cuando llega el momento decisivo y no se despega, la derrota no viene del enemigo, sino «de dentro».
Con el paso de los días realmente podremos ver qué pasó, qué falló, pero sobre todo veremos según el accionar de los actores que traicionaron al presidente Maduro. Nuestro dilema es claro, prepararnos para que esta aventura resulte, si se atreven, muy querida por el imperio, la única forma de evitar la guerra es prepararse lo mejor posible para ganarla. ¿Poder? Ciertamente sí, ahora tenemos un deber moral para con nuestros hermanos que han caído en el cumplimiento del deber.