

Para el editor multimedia de EL TIEMPO, quien precisamente se dedica a la estrategia digital de esta editorial, la afirmación de que dejará las redes sociales es una utopía.
Mi trabajo es analizarlos, estudiarlos, medirlos y desarrollar medidas que nos ayuden a utilizarlos para llegar a nuevas audiencias y apoyar a las audiencias existentes. Sin embargo, Mi objetivo será “mantener” las redes sociales en el estricto concepto que les introduje al nacer. (Sí, los vi nacer): Conectar, ampliar conocimientos, superar fronteras y acercarme a una socialización humana, cultural, social, vibrante y enriquecida y por tanto utilizar mi intelecto personal y mi creatividad a diario para crear contenidos, interactuar con audiencias, iniciar discusiones y debates y recibir de ellas conocimiento y crecimiento personal.
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Esto ya no pasa en las redes sociales. Ya no mereces mi atención y participación personal. Sin embargo, necesito concentrarme con un sentido profesional, frío y calculado para lograr lo que mi trabajo requiere para hacer crecer aún más la audiencia, usando tácticas y fintas en lugar de estrategias.
Porque eso es exactamente en lo que se han convertido las redes sociales: ecosistemas de monetización voraces centrados en minar la salud mental de los usuarios para volverlos adictos y así Aprovecha el tiempo de permanencia y las falsas promesas de predicciones, llamadas a la acción y muchas estadísticas pomposas. (que ellos mismos generan, ajá) que luego venden, con el visto bueno de los medios y agencias de inversión, a las marcas que, por cierto, las eliminarán como intermediarios de la ecuación empresarial este año, a través de las mismas redes sociales que van directamente a los clientes.
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Las redes sociales están plagadas de “creadores de contenido” desesperados por obtener vistas, me gusta y compartir por unos centavos. “comediantes” cursis con chistes vulgares, cosificación de las mujeres y abuso de drogas; Mujeres que se dedican a “vender contenidos” y contribuir con sus cuerpos a la industria de explotación; Bodegas al servicio del gobierno o movimientos políticos que controlan decenas de miles de perfiles falsos para presionar tendencias y movilizar noticias falsas; y muchas marcas, todas queriendo lo mismo: captar la atención de usuarios reales y navegar a través de tanto insulto y destrucción de la dignidad humana.
Foto:iStock
Y con la explosión del inteligencia artificial, En poco tiempo, estas plataformas se convertirán en contenido generado por IA, comentado e interactuando con perfiles de IA, aumentando aún más su ilusión de “alcance”, “audiencia” y monetización.
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Este será mi objetivo en 2026: Busca cada día en el trabajo las tácticas ideales para distribuir contenido de calidad a estas cloacas. Entonces lo que reciben son insultos, ya sean reales o de almacén; le gusta una IA. Y que alguien u otra persona realmente les valore y les ayude. No hay redes en casa ni en mi vida personal. Espero lograrlo.
JOSÉ CARLOS GARCÍA R.
Editor multimedia
@JoséCarlosTecno