

Colombia está en medio de una paradoja digital: nunca hemos tenido tantas herramientas para conectarnos, pero nunca hemos estado tan divididos.
La polarización siempre ha existido. Lo nuevo hoy es la «dictadura del algoritmo», esas líneas de código de redes sociales diseñadas para maximizar el tiempo frente a la pantalla y promover divisiones, mitos y paradigmas que Han convertido el debate público en una contienda de indignación en la que la verdad es secundaria a la viralidad. Estas tecnologías monetizan la atención de sus usuarios con contenidos que desencadenan emociones fuertes como el miedo, el odio o la violación de la dignidad humana.
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Se trata de algoritmos que encierran a los ciudadanos en “cámaras de eco” donde sólo escuchan lo que refuerza sus prejuicios. Este aislamiento digital fragmenta el tejido social y socava la posibilidad de un consenso nacional. Convertir la política en una guerra tribal digital.
Y el impacto de estas tecnologías en nuestra democracia es devastador, especialmente de cara al ciclo electoral de 2026. Ya no se trata sólo de noticias falsas, sino de una arquitectura técnica que promueve la radicalización. Para algunas personas este caos es bueno y ellos son responsables de fomentarlo.
En Colombia, donde la polarización ha sido históricamente violenta, Si permites que algoritmos no transparentes decidan sobre temas relevantes, entregas la soberanía del pensamiento a empresas cuyo único objetivo es el beneficio publicitario.
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Ante este panorama, la solución claramente no es la censura sino la transparencia algorítmica. Es imperativo que el Congreso republicano patrocine una legislación que obligue a las plataformas a revelar cómo priorizan el contenido político. Esta es una discusión que también se ha promovido en otros países. Necesitamos usuarios que tengan derecho, por ejemplo, a “desactivar” las recomendaciones personalizadas y volver a un muro cronológico o neutral para recuperar el control de su consumo y romper el ciclo de manipulación automatizada.
Foto:César Melgarejo. Archivo EL TIEMPO
También existe una necesidad urgente de fortalecer la capacitación en “higiene digital” por parte del Estado y la academia. Los ciudadanos deben entender que lo que ven en su pantalla es una realidad procesada por inteligencia artificial. quien hará todo lo posible para no dejarlo ir.
Sólo una sociedad que comprenda las reglas del juego digital puede resistir la movilización de intereses invisibles basados en el código.
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La democracia colombiana no sobrevivirá si permitimos que el algoritmo reemplace las consideraciones racionales. Si no actuamos ahora, el próximo presidente no será determinado por las propuestas en la corte sino por el algoritmo. ¿Quién sabe mejor cómo podemos explotar nuestras divisiones sociales?
¿Quién tendrá esta urgente y necesaria conversación?
JOSÉ CARLOS GARCÍA R.
Editor multimedia
@JoséCarlosTecno



