



¿Puede una libre elección convertirse con el tiempo en una condena permanente de la identidad? La cuestión no es sólo teórica. En el entorno digital, determinadas actividades –como la creación de contenidos sexuales– dejan una huella duradera que puede reactivarse fácilmente incluso si la persona ya ha salido de esta fase.
En los últimos años, especialmente desde la pandemia, se ha producido un aumento significativo de perfiles que generan contenidos eróticos o sexuales con fines comerciales en el entorno digital, como demuestran diversos estudios recientes.
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Plataformas como Onlyfans han ayudado a solidificar este modelo entre lLógica de la economía digital – suscripción, acceso exclusivo y consumo privado –apoyado en las redes sociales que actúan como escaparate y canal de captación de audiencia.
En la mayoría de los casos se trata de actividades legales y voluntarias. Sin embargo, Lo que importa es menos el tipo de actividad que su impacto en el tiempo. La digitalización no sólo amplía el alcance sino que también cambia la duración y la intensidad de la exposición: lo que antes era limitado y contextual se vuelve potencialmente permanente y global.
la exposición
El entorno digital multiplica las posibilidades de distribución, pero también aumenta los riesgos. La visibilidad ya no está limitada y el contenido puede llegar a audiencias muy diferentes, incluidos entornos personales y profesionales. o audiencia no deseada.
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Así lo han señalado desde la criminología y la victimología digital Una mayor presencia pública aumenta la probabilidad de sufrir diversas formas de victimización en línea.especialmente en contextos de alta autoexposición (Autorrevelación) y uso intensivo de las redes sociales.
Existe un amplio debate en las redes sociales sobre la exposición de los niños. Foto de : iStock Foto:iStock
Sin embargo, el problema no se limita a los riesgos durante la fase de actividad. Hay una segunda dimensión, más permanente, asociada con la identidad digital que surge de esta exposición.. A diferencia de otros contextos, esta identidad no se desvanece fácilmente, sino que permanece fijada en sistemas de indexación, archivo y copia que permiten su constante resurgimiento.
Incluso si la persona ha abandonado esa actividad, Es posible que aún se pueda acceder a su pasado mediante búsquedas asociadas con su nombre o imagen. la configuración de lo que algunos trabajos han calificado como memoria técnica difícil de deshacer.
El caso de la ciclista y creadora de contenidos española Cecilia Sopeña pone de relieve este problema. Tras ganar fama y ventaja económica en las plataformas de contenidos para adultos, anunció su intención de iniciar una nueva etapa y reivindicó el llamado “derecho al olvido”, con el objetivo de dejar de ser conocida públicamente por esta actividad anterior.
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La reacción social fue mixta. Parte de la opinión pública ha cuestionado esta afirmación, citando la idea de que la obtención de beneficios económicos debería implicar una exposición sostenida. Este tipo de reacción pone de relieve la persistencia de juicios morales que van más allá del nivel legal..
Más allá del caso específico La pregunta de fondo es si el entorno digital debe establecer una identidad asociada a un escenario de forma indefinida. ya se ha superado o si es posible restringir esta asociación si ya no corresponde a un interés actual.
Motor de búsqueda. Foto:iStock
En este contexto se encuentra el llamado Derecho al olvido, que le permite solicitar que ciertos datos personales dejen de ser accesibles a través de motores de búsqueda si su distribución en el tiempo es insuficiente, irrelevante o desproporcionada.
Este derecho fue reconocido a nivel europeo a partir del conocido caso Google España (2010) y posteriormente fue incorporado al artículo 17 del Reglamento General de Protección de Datos (RGPD), solidificándolo una herramienta clave para abordar el impacto de la memoria digital.
No se trata de borrar el pasado o eliminar necesariamente el contenido original, sino de Limite su visibilidad mediante la desindexación. Esta es una expresión del derecho a la protección de datos personales relacionados con el honor, la intimidad y la propia imagen.
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Como todo derecho fundamental, no es absoluto. En caso de conflictos con la libertad de información o la libertad de expresión, se debe hacer un equilibrio. teniendo en cuenta factores como la relevancia pública de la información, el interés general y la proporcionalidad.
el consentimiento
En lo que respecta a los autores de contenidos sexuales, el análisis muestra una particularidad: el contenido fue producido y distribuido de forma voluntaria y con fines económicos. Este elemento es relevante pero no crucial. El consentimiento no significa una renuncia definitiva a los derechos fundamentales. El marco jurídico europeo reconoce su carácter revocable, especialmente cuando están en juego la dignidad y las perspectivas de futuro de la persona.
El problema radica menos en la existencia del contenido y más en su conexión persistente con la identidad actual. Si una persona abandona esta actividad y el contenido continúa apareciendo sistemáticamente en las búsquedas asociadas a su nombre, Los motores de búsqueda ya no funcionan como intermediarios neutrales, sino que se convierten en mecanismos de reactivación constante del pasado..
En la práctica, El derecho al olvido permite reducir esta visibilidad mediante la desindexación y la limitación de la atribución automática. entre la identidad actual y el contenido antiguo, aunque esto no garantiza la completa desaparición del material en Internet.
En última instancia, el debate va más allá del ámbito del contenido sexual. Plantea una pregunta más general: si una persona puede ser definida indefinidamente por elecciones pasadas. en un entorno que tiende a preservar y reactivar toda la información.
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También hubo avances en otras áreas del derecho, como el derecho penal. Mecanismos destinados a evitar efectos duraderos y facilitar la reinserción social. La persistencia digital crea una tensión similar en el ámbito de la identidad.
El derecho al olvido no consiste en negar el pasado ni en cuestionar decisiones anteriores. Más bien, su función es permitir que un escenario importante no necesariamente se convierta en un marcador permanente cuando su mantenimiento ya no corresponde a un interés público actual.
MARIANA N. SOLARI MERLO
La conversación (**)



